Mi estreno en el Festival de Cine Fantástico de Sitges no pudo haber sido más certero, modestia aparte. La verdad es que el fugaz paso por la localidad sólo me ha valido como toma de contacto de lo que suele terciar en esta cita cinéfila anual: gafapastismo a raudales por las calles de un pequeño pueblo costero, que observa como bares y cafeterías son literalmente saqueados en pos de la salud mental de los asistentes.
Hablo de puntería por la simple razón de que la única película para la que he podido adquirir entradas a tiempo ha sido justamente la gran ganadora de esta edición. Una justa decisión a mi parecer, pese al desconocimiento que sufro respecto a la mayoría del resto de películas proyectadas. Sin embargo, me aventuro a pensar en justicia habida cuenta de que ‘Moon’ es, sin lugar a dudas, una gran película de ciencia-ficción. Duncan Jones ha hecho un notable trabajo aprovechando los recursos con los que contaba, que no eran muchos, para relatar una historia que ahonda en las dudas existenciales más clásicas del género.
Porque aquí estamos hablando de una película de género en el sentido más puro, sin adulterar con escenas de acción o aventura como se ha estado haciendo desde hace algunas décadas para llamar la atención del público general. Simplemente se trata de un ejercicio de demostración hipotética, de un experimento bien ejecutado que podrá fallar para algunos en su conclusión pero al que no se debe cuestionar su eficacia hacia el espectador.
En ‘Moon’, Sam Rockwell encarna a Sam Bell, un operario que trabaja en la Luna como mero vestigio de la labor humana en la recolección y procesado de la energía. La Tierra está tan lejos como siempre, pero durante tres años el protagonista ha vivido un hastío cada vez mayor estando alejado de los suyos. Ni siquiera su única compañía, una inteligencia artificial llamada GERTY (con voz del actor Kevin Spacey) ha podido llenar un vacío que tampoco acaba por olvidarse en las muchas tareas con las que Sam trata de pasar el rato: desde hacer ejercicio a fabricar maquetas de catedrales, cuidar bonsais o jugar al ping-pong.
Independientemente de la lógica de mantener un elemento humano rodeado de máquinas previsiblemente autosuficientes y funcionales, la base del argumento explora al principio cuestiones sociales inherentes a la ciencia ficción: la soledad del astronauta, la desaparición del alma en la era de la robótica, la alienación del individuo como mera herramienta. Sin embargo, la reflexión adquiere una nueva perspectiva cuando Sam sufre un accidente en el exterior de la base, fruto de las alucinaciones que ha ido sufriendo progresivamente. No es cuestión de explicar el giro argumental que de todos modos ya aparece en el trailer, pero que hará gozar más de la trama desde su desconocimiento.
A partir de dicho giro, explicado de forma gradual a medida que continúa el metraje, los interrogantes van cambiando a algo más terrenal y relacionado con la supervivencia del protagonista. Se aborda también un debate ético que no conviene mencionar para no estropear la sorpresa, pero que queda bien resuelto y en el que sobre todo ayuda la espléndida actuación del único protagonista humano del filme.
Pero no es solamente homenaje a la ciencia ficción en un sentido narrativo el que nos ofrece este ‘Moon’. Artísticamente transpira desde el primer segundo el saber hacer de los efectos especiales clásicos y la recreación de vehículos y tecnología no es profética sino hasta anticuada en algunos casos. El empleo de maquetas para las escenas exteriores (en secuencias un poco alargadas, por ponerle algún pero a la película) coloca al debut de Duncan Jones al menos treinta años atrás respecto a otros títulos contemporáneos. Y la verdad es que es incluso refrescante contemplar una película descaradamente de cartón piedra entre tanta CGI que muchas veces es menos realista que lo que vemos aquí.
Resaltar finalmente la impecable banda sonora de Clint Mansell, a mi gusto una de las mejores de este 2009, que no sólo ambienta sino que define por sí misma el tono completo de la película y en esencia resulta igual de embriagadora que las imágenes frías aunque poéticas que abarrotan muchos de los minutos de ‘Moon’. Una película de marcado acento revisionista que debería encauzar de nuevo al género de la ciencia ficción hacia la búsqueda y resolución de cuestiones existenciales; algunas más cercanas a su resolución empírica de lo que nosotros creemos…






















La Biblia Intermitente es un blog/e-zine de periodicidad nula en el que, desde la perturbada visión de su creador (no hay más que ver el retrato arriba expuesto), se explica y analiza todo lo que le llega a través de sus sentidos. 





Ya estoy un poquito harto de las intelectualidades tipo “Moon”. A ver, ¿quién sabe quién es el director de esto’. Es más: ¿Quien es el Sr. Jones? ¿Y lo de las maquetas? ¿Queremos realmente volver 30 años atrás en una peli hecha hoy? Si hay unos ordenadores cojonudos. Y ya están mucho más baratos. Realmente esta peli no le interesa a NADIE. Lo que vale es “Avatar”. Esa si que es bonita. Y tengo razón: no hay maquetas cutres. Está hecha por ordenador. Y el dierctor es James Cameron, que antes ha hecho peliculas muy bonitas como “Titanic”. Pero esto de “Moon” no lo ha visto nadie. Y sin embargo, ¿por qué no hablais de “Avatar”? Claro, como no es intelectual…
Entiendo entonces que para que una película sea buena:
1) El director tiene que ser conocido
2) Tiene que estar todo hecho por ordenador
Ah, pues nada, se pone dinero y ya está. ¿Y para qué buscar una historia? Se coge una repetida cien veces, si total, aquí lo que importa es que el director sale en los medios y está todo hecho por ordenador.
Respeto tu opinión, pero será que soy un intelectual y prefiero esta historia de un don nadie hecha con cartón piedra a la ramplona película de bichos azules en un planeta que parece un club de alterne en Navidad. Y conste que he pagado por ver ambas.
Saludos.