La Biblia Intermitente

2 Octubre 2009

Inglorious Bastards

Quentin Tarantino, el director por ósmosis, el artista del ‘copypasta’ y nunca suficientemente controvertido en la definición de genio. A finales de los noventa y principios de la presente década, tras completar su primer trío de películas, nos lo encontramos en la que es su época más fértil como guionista y en la que mayor número de caminos se le abren. Entre ellos quedan pospuestos varios proyectos, algunos de modo indefinido (los Vega Brothers) y otros con la promesa de ser retomados en la siguiente hornada de producción. ‘Inglorious Bastards‘ siempre ha tenido un lugar en este segundo grupo y durante estos diez últimos años ha sido rehecha, abandonada a su suerte y vuelta a coger en más ocasiones de las que merece la pena explicar.

El director y guionista supo siempre que esta historia ambientada en la Segunda Guerra Mundial iba a llevarle más de un quebradero de cabeza. Primero porque aunque se perfilaba en los cánones de otro de sus géneros favoritos, iba a ser más difícil de llevar a la gran pantalla que una película de gánsters situada en un pasado más reciente; y segundo, porque a medida que se iba reescribiendo la historia de ‘Inglorious Bastards’ el resultado era más épico y desquiciado, como hemos llegado a comprobar en la versión final que ha llegado a nuestras pantallas.

Malditos Bastardos

Los ‘Malditos Bastardos’ a los que hace referencia el título son, para entendernos, el grupo de guerrilleros renegados que no juega a la guerra siguiendo las normas por la sencilla razón de que el enemigo tampoco lo hace. Aunque su principal cometido es torturar y exterminar nazis para infundir miedo, se les presenta la misión más importante posible delante de las narices. Sin embargo, aunque a priori la idea de matar a Hitler podría ser entendida como el plan maestro de esta banda de desalmados, son ellos los que menos colaboran en su ejecución.
Mèlanie Laurent
Como en toda historia de Tarantino, el desarrollo episódico va en paralelo y el final de los acontecimientos surge tanto por colaboración de un bando como de otro, desembocando en una orgía de violencia y amor al séptimo arte propia del cine italiano que parió “Quel maledetto treno blindato”, una de las principales entre las muchas influencias de la película.

Y es que hay mucho cine condensado en ‘Inglorious Bastards’. La película se mueve continuamente entre la línea del homenaje y la reutilización más descarada, y no sólo lo hace con títulos clásicos y de culto de su historia, sino también de la propia filmografía de Tarantino. El de Knoxville ha echado mano de canciones de bandas sonoras previas, de una estructura narrativa muy similar e incluso de planos calcados (me refiero por ejemplo a los planos cenitales idénticos en el restaurante japonés de Kill Bill Vol. 1 y en el cine en la presente cinta) Pero esto del copia y pega no creo que pille a nadie sorprendido

En un cine francés...

Lo que sí que debería causar temor, sobre todo entre los más acérrimos fans del director, es el ya considerable abuso del parlamento en sus interminables escenas, no como un medio para alcanzar un propósito sino como un fin en sí mismo. Es como si el director, mediante los labios de los propios actores, nos soltara monólogos pesadísimos sobre cosas de las que se ha ido dando cuenta a medida que escribía el guión.

No recuerdo un filme de su carrera en el que hayan hecho menor mella los diálogos en el desarrollo de sus personajes, con excepción de un impresionante primer acto en el que es el espacio escénico y el juego de planos y luces el que aporta la tensión y la información necesaria en cada momento. Cuenta también para ello la actuación del inquietante Cristoph Waltz en su papel de Hans Landa, netamente por encima de un Brad Pitt despreocupado y simple, o incluso de una Mèlanie Laurent guapísima pero más desaprovechada de lo que parece.

Hans Landa

No quiere decir lo anterior que ‘Inglorious Bastards’ sea una película aburrida o que no llegue a ninguna parte. Incluso su bizarro revisionismo histórico no es más que parte de la maquinaria de entretenimiento sin prejuicios que propone. Sin embargo, su duración inflada en exceso acaba pesando en muchos espectadores, los cuales por otro lado echarán en falta puntos que hubiera sido interesante tratar: ¿qué opinión merecen los Bastardos a las fuerzas de la Alianza? ¿no caen en los mismos errores que sus enemigos al matar indiscriminadamente? Quizás sean cuestiones de relleno para quienes busquen la simpleza de los géneros que rescata Tarantino, pero también se ha demostrado que en su cine existen los valores, y siempre es mejor tratarlos que pasar tres horas rascando en la superficie.

‘Inglorious Bastards’ es por tanto una película enorme en unos aspectos, pero que pide perfeccionarse en otros y no lo consigue. Pero es en cualquier caso una copiosa sesión de entretenimiento de calidad, que no sentará bien a muchos pero que tiene algo que otros tantos buscan en las grandes salas y no encuentran: personalidad. Aunque eso sí, al contrario de lo que esperaba, no me parece que levante un muro tan grande entre el amor y el odio como lo hicieron sus anteriores cintas. Veremos cómo la trata el tiempo por esto.

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palabra de visualmethod el 2 Octubre 2009 @ 18:03

Un parroquiano comentó

Vos si que no sabes nada de cine

#1 Santiago @ 19:15, 17 de Enero, 2010

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