Scott Pilgrim era una serie de cómics que se preparó para ser relatada y consumida en seis o siete volúmenes, cada uno de los cuales se correspondía con uno de los enemigos a los que el personaje debía plantar cara. Si recordáis el artículo anterior, el motivo de que este chaval de veintipocos años se haya metido en este lío obedece a cuestiones sentimentales: una chica llamada Ramona V. Flowers le robó el corazón mientras se atravesaba en sus sueños a todo correr. Sin embargo, pese a que parecen hechos el uno para el otro, Scott deberá derrotar a los siete ex-novios malignos de la chica antes de poder considerarla su pareja.
Brian O’Malley se pergeñó un inconfundible estilo técnico y narrativo en su primer gran éxito editorial: un dibujo simplista a medio camino del manga y el cómic underground norteamericano con no pocas similitudes al Eiji Aonuma que confundió y encantó a todos con los personajes del Zelda: Wind Waker. Un ritmo dinámico, de escenas cortas y diálogos escasos pero inteligentes, que explotaba en viñetas llenas de vida en el enfrentamiento final. Pero sobre todo, el atractivo que tiene para nosotros las continuas referencias al mundo del videojuego y la cultura pop que sin ser demasiado rebuscadas y aunque todo el mundo puede pillarlas, están muy bien traídas y no son muy tópicas.
Pues bien, en “Scott Pilgrim vs. The World” todos estos elementos están potenciados de la mejor de las maneras. Todo lo que he podido disfrutar de la primera entrega de este bajista en paro, se ha multiplicado en la segunda. Las situaciones son más y más variadas, los personajes van ganando carisma y definiéndose, Scott se vuelve más tonto pero también más flipante por momentos y los combates si bien no son todavía demasiado espectaculares, derrochan ingenio y gracia.
La historia comienza prácticamente donde se dejó al final de “Precious Little Life”, con Scott y Ramona pasando la noche tras el combate contra Matthew Pattel, el primer ex-novio maligno de la Liga de los Ex-Novios Malignos de Ramona. Sin embargo, antes de eso se dedica un capítulo bastante bueno a conocer algo del pasado de Scott en Ontario. Descubrimos que en el instituto conoció a Kim Pine, la que es batería de “Sex Bob-Omb” y amiga del protagonista. También conoció a una tal Lisa, a la que no parece hacer demasiado caso pero que le enseña la importancia de montar un grupo para hacer ascender su estatus social. Los tres forman un conjunto llamado “Sonic & Knuckles” mientras Scott y Kim se convierten en pareja hasta que el primero ha de mudarse a Toronto. Parece entenderse así que la relación entre ambos en la actualidad, a pesar de ser amistosa, es algo tirante a veces.
Ya en el presente, Scott decide romper con la joven Knives Chau para centrarse del todo en Ramona y la lucha contra sus ex-novios. Ésta no aceptará fácilmente la situación y se convertirá en enemiga de la nueva pareja del muchacho, dando lugar a una espectacular pelea ninja en la biblioteca de la ciudad.
Para complicar aún más el tema, Scott ha de entrenarse con su amigo gay Wallace Wells para la lucha contra el segundo ex-novio maligno, el actor y skater Lucas Lee. Pero además recibe la noticia de que su propia ex-novia, la cantante del grupo The Clash At The Demonhead, Envy Adams, va a visitar la ciudad por un concierto y los ha invitado a telonearlos. Esto supone un duro golpe para Scott, que necesitó más de un año para superar la ruptura y de hecho apenas recuerda nada de ese periodo, como si hubiera estado en coma.
Como podéis apreciar por la trama, no parece más que una historia de relaciones amorosas juveniles teñidas del efecto awesome de las bandas de rock y las peleas imposibles. Sin embargo, como ya sucedió en el primer tomo, la trama no se hace empalagosa en ningún momento y no está enfocada a un público femenino en absoluto. Las situaciones siguen siendo la mar de naturales, al menos todo lo que da de sí un mundo en el que la mala gente suelta monedas e items que suben puntos de habilidad.
No comentaré nada sobre el final, pero es verdad que el cliffhanger es mucho más jugoso en este volumen que en el anterior. Además se vislumbran personajes aparentemente secundarios que puede que den que hablar en los tomos siguientes (entendedme, aún voy por el segundo y puedo estar equivocado). La recreación de las calles y locales de Toronto, así mismo, parece seguir estando tratada con fidelidad y en general se continúa apreciando esa extraña mezcla de realidad y ficción salvaje.
Como último apunte, aunque no sé si será significativo, este segundo tomo que lleva como título “Scott Pilgrim vs. The World” es el que va a dar nombre a la película que ya se está rodando. En parte se siente como una puesta en marcha definitiva de esta historia, en previsión de los acontecimientos importantes que se van a dar lugar en el siguiente que cuenta con el descriptivo título de “Scott Pilgrim and The Infinite Sadness” (referencia de los Smashing Pumpkins evidentemente). El mes que viene veremos qué tal se desenvuelve Scott en sus nuevas batallas físicas y sentimentales.





















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