Reconozco que llega tarde esta opinión, cuando hace prácticamente un año que mis oídos empezaron a escuchar los primeros fragmentos, hablados en portugués, de este tercer álbum. Porque ante todo estamos hablando de un “tercer álbum”, un hito muy difícil de superar para un artista o grupo de música. Es el momento en la trayectoria artística en que se ha dejado de presentar una propuesta, en el que el hueco dentro del panorama musical ha de quedar marcado; sin embargo, es también el duro primer golpe al encasillamiento y la monotonía, porque mediante la tolerancia que tenemos a una repetición, por inercia a algo que nos puede haber gustado de entrada, tendemos a ser misericordes con el segundo disco. Pero con el tercero no.
El trío de Beth Gibbons supo cuando decidió regresar que este álbum iba a ser mirado con lupa, sobre todo teniendo en cuenta que Portishead fueron abanderados junto con Massive Attack del movimiento trip-hop, que parece quedarnos ya tan lejano (los noventa lo están más que los ochenta o los setenta incluso, no lo dudéis) y que tan poco cuadraría en la música actual. Por eso, igual que las palabras que estáis leyendo, el Tercero, curioso nombre por el que llamar las cosas que no tienen mejor definición ni más incompleta a la vez, fue gestándose y desarrollándose poco a poco, muy lentamente y haciéndose esperar. Geoff Barrow hizo suyos los cambios que, como productor, había observado en en la escena durante el largo periodo de separación del grupo, y de sus proyectos bajo el sello de Invada UK se educó para concebir ahora la que iba a ser una visión importante de la electrónica para esta época.
Y es que se nota la mano de Barrow en el giro de este ya no tan nuevo disco. Se nota en la decidida marcha mecánica de los ritmos y la influencia de la electrónica más arcaica y fundamental (el artículo sobre los Silver Apples tiene aquí su razón de ser). Beth sigue teniendo esa gran voz e interpretación que hace que las canciones transpiren emociones, sonando más quebradiza y etérea que nunca. Y la contención la sigue aportando Adrian Utley, quien casi en la sombra otorga la elegancia de los arreglos instrumentales de canciones como “Silence”, o la fragilidad de esas progresiones psicodélicas que dominan la segunda mitad de “Small”, por citar algunos de sus momentos más reconocibles.
De todos modos, el disco suena, como ya se ha dicho tantas veces, oscuro e industrial. A quien como yo, que lo descubriera en su momento gracias a singles como “Machine Gun” o “We Carry On” le habriá parecido de primeras inaccesible, para su extrañeza, porque Dummy era y sigue siendo -y certifico por experiencia personal- un disco que puede gustar a casi todo el mundo con una mínima sensibilidad musical.
Parecía conducido pues a desagradar los oídos de quienes disfrutaron de sus dos primeros trabajos. Sin embargo, algo de Portishead queda en el fondo de estos sonidos nuevos, tanto para ellos como para el panorama actual, que tendrá que ver con el tiempo lo que este disco es: no una traición a los seguidores del trip-hop, si es que alguien queda a estas alturas, sino un inicio con letra mayúscula de lo que está por venir. Y dejar la misma huella reinventando el concepto que gira en torno a ella, despues de tantos años, es de un mérito irrechazable.
Como los desoladores minutos finales de “Threads”, con Gibbons rompiendo definitivamente en lamentos y llevándose a sí misma por los senderos de la condenación mientras suenan las trompetas del Juicio Final. Así caminaron el pasado año Portishead con Third, pisando las cenizas y los restos en descomposición de lo que fueron, tratando de levantar los cimientos de su nueva identidad, tan impredecible como lo que puedan traernos sus nuevas entregas. Con esta hipnótica inventiva que nos demostraron, yo al menos encantado…



















La Biblia Intermitente es un blog/e-zine de periodicidad nula en el que, desde la perturbada visión de su creador (no hay más que ver el retrato arriba expuesto), se explica y analiza todo lo que le llega a través de sus sentidos. 




