Perdonad que interrumpa esta serie indefinida de artículos impersonales, aunque supongo que agradeceréis una entrada como ésta, que trate de algo que no sean series, discos, libros o películas, cosas que no entenderéis sin hacer un esfuerzo aparte.
Ayer me encontraba trabajando de forma remota, mirando unos correos para acabar un porfolio de clientes con sus datos, cuando descubrí algo. Un hecho casual que, en un momento concreto y bajo unas circunstancias determinadas, me ha bloqueado por completo. Imaginaos la situación: un tipo delante de su ordenador, y el que se queda pillado y sin responder es él.
Lo primero que hice fue desconectarme del remoto, poner el cliente de correo y escribir a mi amigo Vidal. No creo que le importe que comparta estas palabras con vosotros, aunque es algo que solo unos cuantos podemos comprender plenamente. Tampoco es nada trascendental… Quizás solo se trata de una gran casualidad:
Sábado, 21 de marzo de 2009. 12:04:09.
Buenos días, amigo
Estoy trabajando en fin de semana desde casa y ahora que estoy liado con uno de nuestros clientes, hay una cosilla que he descubierto y que es un buen momento para contarte.
No sé si recordarás, pero hace cuatro años sobre esta hora, Esteban, tú y yo andábamos perdidos por Madrid buscando una calle llamada Campoamor. Atravesamos toda Chueca pensando que íbamos por buen camino. De hecho, era cierto que íbamos directos a ella y al final llegamos al número 6 de la dichosa calle, que resultó ser una casa en ruinas.
No sé ni cómo escalamos hasta el cuarto piso dado el estado del bloque, pensando que al menos encontraríamos cobijo mientras esperábamos para ver a Wilco en la Sala Aqualung. Recuerdo que, tras subir los altos escalones que crujían como huesos de demonios, nos encontramos solo a unos albañiles mirándonos con cara de circunstancias. También recuerdo el rato que te tiraste llamando por teléfono para encontrar el dichoso Hostal Los Amigos. Al final, como siempre contamos en la anécdota desde entonces, estaba en Calle Campomanes, en Ópera, a bastante distancia de allí. Volvimos algo más cansados pero mucho más risueños porque al menos sabíamos que el lugar existía, y que gente tan cateta como nosotros era capaz de encontrarlo.
Esa tarde dejamos nuestras cosas en Hostal Los Amigos, dimos un paseo por el casco urbano, miramos unos discos en Madrid Rock y cuando estuvimos listos fuimos a la Sala Aqualung a ver al grupo de Jeff Tweedy. Dudo que haga falta contarte más, tampoco ha pasado tanto tiempo desde entonces…
Volviendo al principio, ahora mismo estoy revisando los datos de un cliente que nos llegó hace un mes y medio a la agencia. Es un pequeño hostal en Madrid llamado Gran Duque. Esto no tendría mayor relevancia si no fuera porque está situado en Calle Campomanes, en el número 6, piso 3. Es decir, este hostal se encuentra justo debajo de donde se situaba el Hostal Los Amigos.
Digo “se situaba” porque, no sabría decir si por suerte o por desgracia, este último desapareció hace dos años. Desconozco si sabías esto, pero revisando los correos con los dueños del hotel nos comunicaron que tienen intención de adquirir el cuarto piso, que pertenecía según ellos a “un hostal bastante ruidoso donde solía ir gente joven”.
Sí… es una manera sencilla de definirlo.
He descubierto ahora mismo, pues, que el Hostal Los Amigos es historia justo cuatro años después de estar buscándolo con “los amigos”. La Sala Aqualung, como sabes, acabó echando el cierre por culpa de la especulación inmobiliaria; también lo hizo la tienda Madrid Rock, que ahora creo que es un Bershka. Y bueno, más ha ido desapareciendo de ese pequeño viaje con el paso de los años. No creo que sean necesarias más palabras al respecto.
No sé cuándo nos veremos para un concierto o para tomar algo, supongo que más pronto que tarde. Sin embargo creo que si me llegara a acordar de contártelo entonces no sería tan… simbólico. He decidido parar un momento el trabajo y poner las palabras en orden, como montando un puzzle, para que puedas ver la imagen completa y pienses lo que se te pase por la cabeza.
Al menos sabemos que a Wilco los volveremos a ver.
Un abrazo.



















La Biblia Intermitente es un blog/e-zine de periodicidad nula en el que, desde la perturbada visión de su creador (no hay más que ver el retrato arriba expuesto), se explica y analiza todo lo que le llega a través de sus sentidos. 




