Los RR.MM. me han traído una PSP. Me imagino que han obedecido a razones arbitrarias como un capricho personal; que para aliviar las penas la solución es rodearme de más y más cacharros. Algún día acabaré entonces convirtiéndome en una aberración mecánica como en Tetsuo, o bien haciendo alguna tontería. Mientras tanto aquí estoy, metiéndole emuladores y disfrutando con los juegos que he elegido para su bautizo digital.
En especial había uno que quería probar porque me he vuelto un poco ‘casual’ y los títulos me convencen por motivos abstractos, voy buscando conceptos novedosos y partidas rápidas. En esencia, me gusta más disfrutar de una experiencia, sin desestimar un buen Bioshock o un Odin Sphere, claro…
Este año 2008 lo he encontrado lleno de buenas ideas calzadas de forma espléndida en juegos sencillos. Audiosurf, del que ya os comenté hace unas semanas, Braid y su exquisito apartado gráfico y jugable, o Echochrome del cual para variar se ha hablado menos de lo que debería. Un juego que apareció a mediados de año en PSP y PS3, en descarga digital para esta última, y que se encuadra en el género de puzzle aunque trabajando áreas diferentes a cualquier cosa que se haya visto hasta ahora.
El planteamiento de Echochrome es lo más simple del mundo: vemos una estructura formada por bloques y un “dummy” o muñeco artículado como los que se utilizan para dibujo, que camina por él en línea recta hasta que se topa con un obstáculo o el límite del mismo, girando entonces a la izquierda. El objetivo del juego es conseguir que dicho muñeco pase por determinados puntos de la estructura, y el reto está en que a priori dichos puntos son imposibles de alcanzar. Bueno… según como se mire.
Y es que en Echochrome lo que manejamos es la perspectiva, que nos permite girar la estructura o mejor dicho la proyección de la misma que vemos. Así pues, si el escenario está inmóvil y el muñeco hace lo que le da la gana, ¿cómo logramos ese objetivo? Ahí entra el juego de ilusiones ópticas al más puro estilo M.C. Escher u Oscar Reutersvärd.
Se establecen varias leyes que desafían la percepción: 1) que si un camino toca otro, están siempre en el mismo plano 2) que si encima o debajo del muñeco hay algo, está en ese mismo plano y 3) que cualquier obstáculo del camino, si no podemos verlo, es que no existe. En resumen, que la posición de los objetos es relativa a la perspectiva que les apliquemos en cada momento.
Lo de siempre, es muy complicado así dicho pero el siguiente vídeo os aclarará las ideas.
La gracia de Echochrome está en que a pesar que se nos ofrecen docenas y docenas de puzzles tridimensionales, la única forma de resolverlos es olvidar la percepción de profundidad, y teniéndolos que rotar la verdad es que se antoja difícil al principio. Afortunadamente, la estética bicolor del juego, aparte de tener un gusto exquisito, facilita las cosas y en cuestión de pocas partidas le habremos cogido el tranquillo al sistema. Será a partir de los cincuenta primeros cuando ya nos tendremos que poner durante ratos muertos para resolver cada acertijo de un modo pausado aunque apasionante.
Para acompañar este estilo refinado y minimalista, Echochrome posee una banda sonora de corte clásico compuesta para cuarteto de cuerda y que resulta muy afín a lo que experimentamos visualmente, pero sobre todo destaco que enlaza muy bien sus diferentes piezas de forma que casi nunca se va a quedar el jugador en silencio. Es cierto que tras muchas horas pueden cansar un poco, pero la elegancia de las mismas seguirá siendo aun entonces innegable.
Sus distintos modos de juego además obligan a repetir las muchas fases cambiando con dos toques leves todo el concepto de juego y las estrategias para pasárnoslo. Pero lo más interesante de todo es que, al haber numerosas soluciones para un mismo puzzle, también podemos desafiarnos a nosotros mismos a superar nuestro tiempo, y creedme que hay casi infinitas formas de conseguirlo.
El juego completa la oferta con un editor de niveles que, por lo que he leído, se pueden compartir vía Playstation Network. La verdad es que no he comprobado si se puede hacer en PSP, pero de ser así podemos estar hablando de un par de añitos de vida de este juego perfectamente.
Ya la primera vez que vi información sobre este juego me sorprendió, y siempre me han gustado las ilusiones ópticas y las trampas de la percepción. Ahora en mis manos certifico que es uno de los mejores títulos de inteligencia para una portátil y lo más importante: es un juego para todos los públicos pero que no toma por idiota al jugador. Ojalá todos los mal llamados juegos ‘casuales’ fueran como éste o como el Profesor Layton de NDS; juegos que no por dirigirse a un público masivo tengan que ver sacrificada su calidad, como si fuese su peaje a pagar.



















La Biblia Intermitente es un blog/e-zine de periodicidad nula en el que, desde la perturbada visión de su creador (no hay más que ver el retrato arriba expuesto), se explica y analiza todo lo que le llega a través de sus sentidos. 




