Apuesto a que Dylan Fitterer, principal responsable del juego que nos ocupa, jamás habría imaginado que su obra independiente iba a ser premiada y disfrutada por una comunidad tan amplia de jugadores. Sobre todo teniendo en cuenta que Audiosurf es un título que ha tomado prestado de aquí y allá para todos y cada uno de sus apartados.
Pero no le resta mérito esta enorme cantidad de influencias. Audiosurf no es un copy-paste al uso, es la convergencia de un montón de elementos que dan lugar a una experiencia audiovisual irrepetible, además de un juego de adicción horizontal, de ir probando entre el ilimitado catálogo de retos que nos propone para encontrar aquellos en los que nos veamos más a gusto. Es uno de esos videojuegos a los que sigues jugando con los ojos cerrados, que durante más o menos tiempo forman parte de tu proceso mental de tal forma que inconscientemente nunca terminas la partida.
Empecemos por el principio: ¿en qué consiste Audiosurf? Iniciando el catálogo de influencias, los tres nombres más recurrentes que salen forman una mezcla entre WipeOut, Klax y Guitar Hero.
De WipeOut se toma la velocidad y el ambiente futurista. Lo único que veremos continuamente son circuitos que recorreremos de principio a fin con una nave flotante que va deslizándose por una pista de entre 3 y 5 carriles, rodeados por la nada salvo formas geométricas que danzarán al ritmo que llevemos. Pero no hay que pilotar el coche ni nos estrellamos contra nada ni hay fuerzas centrípetas que nos saquen del carril. Audiosurf no es un juego de conducción.
De Klax tenemos su parte de inteligencia: alrededor de la nave vemos 21 espacios que albergarán las fichas que vayamos obteniendo y que se irán acumulando por columnas en los tres carriles. El objetivo depende del personaje o modo de juego que escojamos, pero el punto en común es juntar grupos de 3 o más piezas de un mismo color, evitando bloques grises o negros que nos pueden hacer llenar inútilmente una columna y que nos penalicen. Pero tampoco termina la partida si se llenan los espacios; la canción y los puntos pueden seguir subiendo. Audiosurf no es un juego de puzzles
Finalmente, de Guitar Hero tenemos por supuesto su enfoque musical. Ir volando por los circuitos de Audiosurf no es lo mismo que hacerlo por el mástil de la guitarra de GH, pero se le parece. Hay un componente de reflejos y de seguir el ritmo de lo que va sonando, uno esencial. Pero lo mejor no es solo jugar de oído, sino juntar todo lo anterior porque, como ya habréis adivinado, Audiosurf tampoco es un juego musical.
Audiosurf no es ninguna de esas cosas porque es todas ellas juntas y algunas más. Es una experiencia sinestésica como no habíamos visyo desde Rez, de Tetsuya Mizuguchi. Ayuda a redescubrir las canciones y sentirlas de un modo nunca visto (y nunca mejor dicho). No sé cómo se hace, quizás sea más fácil o más difícil de lo que parece, pero los algoritmos detectan los beats por segundo, los niveles de ecualización, la panoramización, y hace que ese momento en el que la canción despega, a la vez tú sientas el vértigo de la bajada en una montaña rusa. La velocidad de la nave aumenta y los colores fríos se convierten en vivos rojos y amarillos, lo que es percibido como un todo por nuestro cerebro. Sublime.
Además te hace pensar en “cómo se conduce” la música: el folk de José González se basa en cuestas de colores violetas con vaivenes y piezas transitando a intervalos regulares; el rock salvaje de los White Stripes son subidas y bajadas sorprendentes, apenas sabes lo que tienes a un palmo por delante; grupos de shoegazing como Ride son cuestas abajo trepidantes sin desniveles; la música electrónica de grupos como Daft Punk, todo un desafío para los reflejos, etc.
Que puedas elegir cualquier mp3 en tu disco duro, que además el juego busque las mejores puntuaciones mundiales de esa canción, que haya hasta modo a dos jugadores en la misma pantalla, las opciones de visualización, los distintos mecanismos, power-ups, los mods que salen… Su precio, que no llega a los 10 euros. Audiosurf es la idea del año en el mundo de los videojuegos, y lo más gracioso es que no tiene nada de original, pero ha sido tan bien mezclada que hay que reconocerle el mérito.
Desde luego las plafaformas de descargas online están permitiendo el desarrollo de juegos independientes y están saliendo buenísimas ideas de ellos. Antes que mandos con sensores, shaders y demás, creo que los juegos descargables son la gran revolución de esta generación que recordaremos en el futuro. Y parte de ese futuro nos lo está dando Audiosurf hoy. Jugadlo.




















La Biblia Intermitente es un blog/e-zine de periodicidad nula en el que, desde la perturbada visión de su creador (no hay más que ver el retrato arriba expuesto), se explica y analiza todo lo que le llega a través de sus sentidos. 





… (Granger babeando tras ver el video)