Con los cabos atados en teoría para las dos temporadas que quedan de Lost, la factoría de JJ Abrams, Bad Robot, tenía que ir pensando una nueva serie con la que enganchar a los telespectadores. En un movimiento previsivo, la supuesta sucesora en intrigas y rumores de la ficción a la aventura en la isla fue estrenada durante el comienzo de otoño con el nombre de Fringe, acompañado de unos datos interesantes.
De momento el piloto ha sido el más caro de la historia de la televisión. Los índices de audiencia le dan la razón a medias a la propuesta, que en cualquier caso no roza el repentino y fulgurante éxito de The Mentalist, pero merece todos los respetos. Hay que tener en cuenta que es una serie que puede decepcionar a mucha gente de partida: no es una sucesora de Lost, como ésta tampoco lo fue de Alias; y su planteamiento ya se ha visto en varias ocasiones, situándose entre Expediente X y Más Allá del Límite.
El nombre de la serie proviene del término ‘fringe science’ que no tiene una traducción realmente precisa en castellano ya que no se trata de pseudociencia, en cuanto a que se usan métodos científicos rigurosos al contrario que en esta última. Digamos que esta “ciencia marginal” sobrepasa el límite de la ética y de las convenciones epistemológicas para progresar y tratar en campos considerados sobrenaturales. He aquí donde cuaja el cebo que pretende atraer a mentes inquietas a las pantallas de TV.
Los personajes principales se conocen entre sí a través de un incidente de origen desconocido que les lleva a investigar una empresa llamada Massive Dynamics, a la que le falta tener un slogan que ponga: “Somos malos y poderosos. Molamos”
Tenemos a la teniente Olivia Dunham, personaje protagonista cuyo principal aliciente es que debajo de esa frialdad que siempre muestra, se esconde una guarra que se deja zumbar por cualquier cosa con traje y corbata (viva o muerta) Lástima que su verdadero yo no salga a menudo y acabe cayendo en horribles estereotipos que parecen salidos de un shonen cualquiera: “Mi objetivo primario, antes que respirar, es salvar a TODOS”.
Está también Walter y su hijo, del cual no recuerdo el nombre y ni me importa en verdad (trataremos este asunto más adelante). El más meritorio es el primero ya que el segundo no pasa de ser una especie de Sawyer de Lost sin gracia al que encima le toca hacer de cuidador de ancianos. En cuanto a Walter, el científico loco con Alzheimer, hace bien su papel a veces. Creedme, he tenido que cuidar y convivir con alguien que padece la enfermedad y sé cuándo es creíble; por suerte o por desgracia lo resulta solo en algunas escenas, en otras es un poco bufón.
Luego hay un montón de secundarios, alguno recuperado de Lost, pero su aparente doble moral hace agua por todos lados y acaban siendo neutros y olvidables. Me quedo en todo caso con Astrid, la dulce ayudante de los protagonistas por su entrañable falta de iniciativa y por parecer muy poquita cosa, que no se queja por nada, lo cual la convierte en la potencial traidora de la temporada que aún no he terminado de ver. Un encanto, en serio.
Como habréis intuido de la escueta descripción del reparto, la serie no destaca precisamente por el carisma y la profundidad de sus personajes. Gusta verlos, no son molestos casi nunca pero tampoco te provocan ninguna sensación de conexión. Y lo peor es que lo mismo se puede decir de las situaciones: cada episodio se abre con un prólogo en el que observamos cual caso del Dr. House cómo una persona genera una situación que escapa al entendimiento, muchas veces rozando el gore. La buena introducción se diluye en parrafadas burocráticas y términos científicos que, en todo caso, nos obligan por momentos a mantener la atención para ver cómo se resuelve el tinglado.
Por medio introducen pequeños detalles para pajeros de la moviola, como las numerosas apariciones de un personaje llamado “El Observador”. Sin embargo todo eso, aunque genera emoción durante la duración del capítulo, se evapora al terminar y eso es algo que no ya Lost, sino los clones de CSI por ejemplo, saben hacer ya de sobra.
Es por tanto Fringe una serie bastante entretenida pero carente de alma, al menos de lo que esperábamos de quienes nos llega. Aunque quedan todavía episodios por ver y nadie duda que la trama eje de la temporada, los experimentos de Massive Dynamics y El Patrón pueden dar juego, de momento no llega a volver loco a nadie. Quizás es eso, que esperábamos que nos dieran la vida y “solamente” nos entregan un entretenimiento televisivo de buen nivel como si hubiera que aspirar a algo más.



















La Biblia Intermitente es un blog/e-zine de periodicidad nula en el que, desde la perturbada visión de su creador (no hay más que ver el retrato arriba expuesto), se explica y analiza todo lo que le llega a través de sus sentidos. 





pues sí hijo mío, coincido totalmente con tu opinión sobre fringe, creo que si veo una peli de paco martínez soria me causa más emoción. aunque he de decir que me he quedado por el capítulo 8, pero también pienso que no va a modificarse la estructura de la serie y de la trama en los siguientes capítulos hasta que termine la temporada. siempre nos quedará lost.
pd. el hijo se llama peter, el famoso pecy (o cómo cojones se escriba) de dawson crece, a ti te es indiferente, a mí también, pero por lo menos me alegra la vista
Uff… yo es que Dawson Crece es la típica serie que ya me la han querido vender bien un montón de veces y ni ganas de verla que tengo.
A Fringe le daremos la oportunidad de esta temporada completa, que no se diga. Dexter me empezó a enganchar en el sexto capítulo de doce así que…
Saludos